jueves, 29 de octubre de 2009

América Scarfó: carta a Emile Armand


América Scarfó: carta a Emile Armand

“Buenos Aires, 3 de diciembre de 1928. Al camarada E.Armand.

“Querido camarada:
“El motivo de la presente es, principalmente, consultarlo.Tenemos que actuar, en todos los momentos de la vida, de acuerdoa nuestro modo de ver y de pensar, de manera que los reprocheso las críticas de otra gente encuentren a nuestra individualidadprotegida por los más sanos conceptos de responsabilidady libertad en una muralla sólida que haga fracasar a esosataques. Por eso debemos ser consecuentes con nuestras ideas.
“Mi caso, camarada, pertenece al orden amoroso. Soy una joven estudiante que cree en la vida nueva. Creo que, gracias anuestra libre acción, individual o colectiva, podremos llegar aun futuro de amor, de fraternidad y de igualdad. Deseo para todos lo que deseo para mí: la libertad de actuar, de amar, de pensar. Es decir, deseo la anarquía para toda la humanidad.Creo que para alcanzarla debemos hacer la revolución social.Pero también soy de la opinión que para llegar a esa revoluciónes necesario liberarse de toda clase de prejuicios,convencionalismos, falsedades morales y códigos absurdos. Y,en espera de que estalle la gran revolución, debemos cumpliresa obra en todas las acciones de nuestra existencia. Para queesa revolución llegue, por otra parte, no hay que contentarsecon esperar sino que se hace necesaria nuestra acción cotidiana. Allí donde sea posible, debemos interpretar el punto devista anarquista y, consecuentemente, humano.
“En el amor, por ejemplo, no aguardaremos la revolución.Y nos uniremos libremente, despreciando los prejuicios, lasbarreras, las innumerables mentiras que se nos oponen comoobstáculos. He conocido a un hombre, un camarada de ideas.Según las leyes burguesas, él está ‘casado’. Se ha unido a una mujer como consecuencia de una circunstancia pueril, sin amor.En ese momento no conocía nuestras ideas. Empero, él vivió con esa mujer varios años y nacieron hijos. Al vivir junto a ella,no experimentó la satisfacción que hubiera sentido con un seramado. La vida se volvió fastidiosa, el único medio que unía a los dos seres eran los niños.“Todavía adolescente, ese hombre toma conocimiento connuestras ideas y nace en él una conciencia. Se convierte en unvaliente militante. Se consagra con ardor y con inteligencia a lapropaganda. Todo su amor no dirigido a una persona lo ofrendaa su ideal. En el hogar, mientras tanto, la vida continúa consu monotonía, alterada solamente por la alegría de sus pequeños hijos. Ocurrió que las circunstancias nos hicieron encontraral principio como compañeros de ideas. Nos hablamos,simpatizamos y aprendimos a conocernos. Así fue naciendo nuestro amor. Creímos, al principio, que sería imposible. Él,que había amado sólo en sueños, y yo, que hacía mi entrada a la vida. Cada uno continuó viviendo entre la duda y el amor. El destino –o más bien el amor– hizo lo demás. Abrimos nuestros corazones, y nuestro amor y nuestra felicidad comenzaron a entonar su canción en medio de la lucha y del ideal, que más impulso les dieron aún. Y nuestros ojos, nuestros labios, nuestros corazones se expresaron en la conjuración mágica de un primer beso. Nosotros idealizamos el amor pero llevándolo a la realidad. El amor libre que no conoce barreras ni obstáculos.Esa fuerza creadora que transporta a dos seres por un camino florido, tapizado de rosas –y algunas veces de espinas–pero donde se encuentra siempre la felicidad.
“¿Es que acaso todo el universo no se convierte en un edén cuando dos seres se aman?
“También su mujer –a pesar de su relativo conocimiento–simpatiza con nuestras ideas. Últimamente ella dio pruebas de desprecio hacia los sicarios del orden burgués cuando la policíacomenzó a perseguir a mi amigo. Fue así como la esposa demi compañero y yo hemos llegado a ser amigas. Ella no ignoranada de lo que representa para mí el hombre que vivía a sulado. El sentimiento de afecto fraternal que existía entre ellosle permitió a él confiárselo a ella. Por otra parte, él le dio libertadde actuar como ella lo deseara, tal como corresponde a todo anarquista consciente. Hasta este momento, a decir verdad, hemos vivido una verdadera novela. Nuestro amor se intensificócada vez más. No podemos vivir completamente encomún dada la situación política de mi amigo y el hecho de quedebo terminar con mis estudios. Nos encontramos muy seguidoen diversos lugares. ¿No es acaso ésa la mejor manera desublimar el amor alejándolo de las preocupaciones de la vidadoméstica? Aunque estoy segura que cuando existe el verdaderoamor, lo más bello es el vivir juntos.
“Esto es lo que quería explicar. Pero he aquí que algunos se han erigido en jueces. Y éstos no se encuentran tanto en lagente común sino más bien entre los compañeros de ideas quese tienen a sí mismos como libres de prejuicios, pero que en el fondo son intolerantes. Uno de ellos sostiene que nuestro amores una locura; otro señala que la esposa de mi amigo juega el papel de ‘mártir’, pese a que ella no ignora nada de lo que nos concierne, es dueña de su persona y goza de su libertad. Un tercero levanta el ridículo obstáculo económico. Yo soy independiente,como lo es mi amigo. Según todas las probabilidades,me crearé una situación económica personal que me liberará de todas las inquietudes en ese sentido.
“Además, la cuestión de los hijos. ¿Qué tienen que ver loshijos con los sentimientos del corazón? ¿Por qué un hombreque tiene hijos no puede amar? Es como si se dijera que un padre de familia no puede trabajar por la idea, hacer propaganda,etc. ¿Qué prueba puede hacer creer que esos pequeñosseres serán olvidados porque su padre me ama? Si el padre olvidara a sus hijos merecería mi desprecio y no existiría más el amor entre nosotros.
“Aquí, en Buenos Aires, ciertos camaradas tienen del amor libre una idea verdaderamente exigua. Se imaginan que sóloconsiste en cohabitar sin estar casados legalmente y, mientras tanto, en sus hogares siguen perdurando todas las ridiculeces ylos prejuicios que son propios de los ignorantes. En la sociedadburguesa también existe esa clase de uniones que ignoran al registro civil y al cura. ¿Es acaso eso el amor libre?
“Por último, se critica nuestra diferencia de edad simplementeporque yo tengo 16 años y mi amigo 26. Unos me acusande perseguir una operación comercial; otros me califican de inconsciente. ¡Ah, esos pontífices del anarquismo! ¡Hacerintervenir en el amor el problema de la edad! ¡Como si no fuerasuficiente que el cerebro razone para que una persona sea responsable de sus actos! Por otra parte, es un problema mío ysi la diferencia de edad no me importa nada a mí, ¿por quétiene que importarle a los demás? Lo que quiero y amo es la juventud del espíritu, que es eterna.
“Hay también aquellos que nos tratan de degenerados, de enfermos y de otros calificativos de la misma especie. A todos ellos les contesto: ¿por qué? ¿Porque nosotros vivimos la vida en su verdadero sentido, porque rendimos un culto libre al amor? ¿Porque igual a los pájaros que alegran los paseos y los jardines nos amamos sin importarnos los códigos o las falsas morales? ¿Porque somos fieles a nuestros ideales? Yo desprecioa todos los que no pueden comprender lo que es saber amar.
“El amor verdadero es puro. Es un sol cuyos rayose nceguecen a aquellos que no pueden escalar las alturas. A lavida hay que vivirla libremente. Rindamos a la belleza, a losplaceres del espíritu, al amor, el culto que ellos se merecen.
“Esto es todo, camarada. Quisiera su opinión sobre mi caso.Sé bien lo que hago y no tengo necesidad de ser aprobada oaplazada. Sólo que al haber leído muchos de sus artículos y al estar de acuerdo con varios puntos de vista, me pondría contentade conocer su opinión.”

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América Scarfó tenía 16 años cuando escribió esta carta, y el amor al que hace referencia no es otro que el de Severino diGiovanni. Acerca de la relación entre ambos, puede consultarsea Bayer, Osvaldo, Severino di Giovanni. El idealista de la violencia, Planeta, Buenos Aires, 1999. Allí, Bayer dice que antes de la carta, “una borrasca había enturbiado la relación deSeverino y América. Las críticas de los compañeros, los impedimentoscasi insalvables para continuar la relación, su propiasituación familiar hacen crisis en América, quien le hará reprochesa Severino y le dirá que termina con la relación... Como típica reyerta de enamorados, el reencuentro borrará todoslos problemas y sellará la unión con más fuerza. De ese reencuentro saldrá la carta de América para L’en dehors. Que era una especie de acta que oficializaba los sentimientos hastaahora retenidos en la intimidad”. Bajo el título de Una experiencia, la carta fue publicada en L’en dehors el 20 de enero de 1929, junto con la respuesta de E. Armand: “Compañera: mi opinión importa poco en la materia de loque me transmites sobre lo que haces. ¿Estás de acuerdo íntimamentecon tu concepción personal de la vida anarquista ono estás de acuerdo? Si estás de acuerdo, ignora los comentariose insultos de los otros y continúa tu camino. Nadie tiene el derecho de poder juzgar vuestra forma de conducirte, aunen el caso que la esposa de tu amigo fuera hostil a esas relaciones.Toda mujer unida a un anarquista (o viceversa) sabe muybien que no deberá ejercer sobre él o sufrir de parte de él una dominación de cualquier orden”.

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